Tania
—¿Qué estás diciendo? –le pregunto a Damián cuando entra con la cara pálida.
—Ella está allá afuera, sabe que estamos aquí y no solo por qué me vio, lo sabía desde antes y yo solo se lo confirmé.
—¿Viene sola?
—Al parecer si. ¿Tienes apagado tu teléfono?
—Carajo, si. Olvidé prenderlo.
—Es momento de que lo hagas y quizás encontremos una respuesta a su visita.
Me bajo de la cama envuelta en la sábana y camino hasta mi bolsa en dónde guardé mi teléfono. En cuanto lo prendo, infinidad de