Catriel rozó con sus labios mi cuello y no pude evitar reírme de nuevo. Esta vez buscó mis labios, mientras sus manos rodeaban mi cintura, atrayéndome hacia él.
Me froté contra él burlonamente, sintiendo como mi coño se humedecía por completo. Su lengua bailaba al ritmo de la mía, lentamente, sin prisas, mezclando nuestros sabores, saliva y aromas. Por supuesto, no pude evitar tocar su culito perfecto, muy evidente a través de la tela de su short.
Catriel me soltó los labios y me susurró al oíd