SALVACIÓN
-¿Enrique? – Pauline lanzó un grito ahogado, incrédula.
Henry Chevalier se levantó parte de su cabello, que formaba parte de su peluca oscura, que hacía juego con su tono de piel. Llevaba un uniforme exactamente igual al de las doncellas del castillo de Alpemburg.
Pauline corrió hacia él y lo abrazó, sin poder contener las lágrimas:
- ¿Cómo están las niñas?
- ¡Están bien! Y a salvo, Pauline. Ahora debemos actuar rápidamente. Ustedes tienen que salir de aquí.
- Cómo... Tú... – Pauline