Y fue así, pensando en él, como me quedé dormida.
El tiempo parecía pasar más deprisa cuando estaba en el País del Mar. Pero en Alpemburg se alargó desde que conocí a un tal Catriel Levi Mallet. La cuestión es que, justo esa semana, pareció acelerarse tanto que pasó más rápido que en ningún otro momento de mi vida.
Y entonces llegó el día del juicio. Y mientras estaba en el coche, dirigiéndome hacia allí, no sonó el teléfono diciendo que alguien había muerto. Ni siquiera que el edificio se habí