Esperamos tal como estábamos, él con los dedos aún dentro de mí, hasta que Odette y Richard se hubieron ido.
En cuanto oímos el sonido de su salida de la sala de reuniones, Catriel se apartó. Miré directamente su polla, que se endurecía dentro del pantalón. Entonces nuestros ojos se encontraron. Las mejillas del príncipe estaban enrojecidas y podía oír su respiración acelerada, como la mía.
- El príncipe azul no existe, Aimê. - ¿De verdad había pronunciado mi nombre? - Así como no existe el amo