Por mucho que odiara a la gente que bebía, y estoy segura de que había una razón para ello, Catriel se empeñaba en juzgarme todo el tiempo. Y de tocar el fondo de la herida que yo intentaba curar.
Para la cena en el castillo de País del Mar, donde la realeza recibiría a algunos amigos para socializar mientras me presentaban, elegí vestir un traje negro. El pantalón era liso, de corte clásico, confeccionado en un tejido cómodo y bien estructurado. La americana, del mismo tejido y color, llevaba