- Tengo... Tengo fiebre -expliqué-.
- Alteza, ¿quiere que se lo digamos a su criada? ¿O que llamemos a un médico?
- No hace falta. No quiero molestar a nadie. Pero gracias.
No tenía nada mejor que hacer. Me quedé allí un rato, mirándoles trabajar mientras esperaba a que el té hiciera efecto. En cuanto lo bebí, sentí calor. Pero luego volvió el frío y me di cuenta de que la fiebre no había desaparecido. Y no quería tener que llamar al médico, ya que no estaba en casa.
Subí a mi habitación, decid