Me bajé de él y me tumbé en el sillón reclinable con la cabeza en el cojín y empecé a reírme.
- ¡En serio, Aimê!
- I... Pensé que no existía tal cosa. Que podríamos hacer esto todo el tiempo... Sin descanso.
- Tal vez puedas. Pero yo no puedo... Y eso es normal. No tengo ningún problema. - Se rió.
Me mordí el labio:
- ¿Cuánto tarda?
- Depende... Pero puedo apostar a que se te pondrá dura en poco tiempo.
- ¿Puedo hacer algo? - Arqueé una ceja, curiosa.
- Claro que puedes -se arrodilló sobre mí,