- Aimê no hablará contigo a solas. - Catriel fue categórico.
- Tú no eres su jefe -replicó Max-. - No tienes ningún derecho sobre la princesa de Alpemburgo.
Reí con incredulidad:
- ¿Derechos? Nadie tiene derechos sobre mí... Ni Catriel, ni tú tampoco, Max, después de tu traición a tu futura reina.
- Tienes que escuchar mi versión. Te juro que puedo explicarlo, Aime.
- ¡No hay nada que explicar, Max! - argumentó Catriel.
- Hasta entonces pensaba que habías sido tú quien había hecho correr la voz