Salí del bar y Catriel me siguió. Pero cuando me dirigía a la recepción para tomar el ascensor, me di cuenta de que se había ido en dirección contraria, hacia la zona de la piscina.
Miré el reloj y ya era más de medianoche. Dejarlo allí, en su primera copa, solo, habría sido demasiado arriesgado. Yo misma sabía exactamente cuáles podían ser las consecuencias. Por no hablar de que la sensación de que tenía que protegerle y estar con él en cualquier situación era más fuerte que yo.
Apenas lo alca