Con gran dificultad, luego de una convincente conversación, logré llevar a Catriel a su habitación. Tuve que secarlo, ponerle la ropa de todos modos y cuidarlo en el ascensor para que no abriera la boca cuando una pareja entró junto a nosotros.
Catriel abrió la puerta y observé su suite, que era exactamente igual a la mía.
- Necesitas una ducha", le dije.
- Ya me he duchado... Hasta ahora -me desafió.
- Me refiero a la ducha, "príncipe".
- Ni hablar... - se quejó, tumbándose en la cama con el c