Cuando era una niña, la abuela se encontró con un conejo de campo que tenía una herida gigante en la pata. Lo trajo a casa y lo cuidamos por semanas, me encariñe tanto con él que yo soñaba con que encontraríamos una coneja para que fuera su novia. Me gustaba jugar con él e intentar confeccionarle ropa, pero un día simplemente murió. Le llore por varias noches y no quería ni siquiera comer, porque estaba demasiado triste como para levantarme de la cama y probar bocados. Fue muy difícil superar l