De nuevo siento el olor estéril del hospital, siento un dolor de cabeza soportable, pero preferiría no tenerlo.
—¿Se lo vamos a decir?— se escucha que alguien dice en voz baja, pero por el silencio incómodo del hospital puedo esuchar sin problema.
—Claro que sí —responden, alzo la mano, siento que tiene algo en la piel y me arde y que me duele. Tengo algo clavado en la vena de la mano... frunzo el ceño, ¿no debería de tener un yeso o algo así?
—Maxine— es una voz suave la que me envuelve, es