Fue una mañana extraordinaria. Raúl nos llevó a desayunar al centro comercial y, para mi sorpresa, decidió consentirme con un día de compras. Me compró una variedad de prendas: vestidos, faldas, blusas y ropa interior, prácticamente todo lo que necesitaba. Aunque intenté detenerlo, insistió en que me lo merecía todo.
Incluso Damon tuvo su momento especial, pidiendo un juguete que le hacía brillar los ojos de alegría. Su felicidad era contagiosa, y no pude evitar sonreír al verlo tan radiante.
L