48. El sexo del bebé
Se veía tan diferente al hombre de aquellas últimas semanas que incluso su propia secretaria pudo notarlo.
— Puedes irte a casa, Olivia — le dijo, sin mirarla, ella otra vez se había quedado allí hasta casi pasadas las nueve, pendiente de cualquier cosa.
La muchacha asintió sin remedio y apagó la última luz encendida del edificio antes de despedirse con un “buenas noches” que él apenas y respondió audiblemente.
Emilio recargó la cabeza contra el respaldo de la silla y suspiró. Su vida, desde la