Los padres de Lena se marcharon al día siguiente con las cenizas de su hija, ellos caminaron por el mismo aeropuerto que meses atrás esta persona había caminado y los recuerdos vinieron a la memoria de Alexa.
— Niña mía — la señora Anette abrazó a Alexa — no tienes porque llorar, sea que lo hagas por la partida de nuestra hija o por el hecho de que nos vamos, cada quien se encuentra en el sitio en el que debe de estar y eso no es motivo para que te pongas triste.
— Prometo que vamos a ir a Fr