Por un demonio, ¿Por qué Jesse tenía que estar más bueno que el pan? No podía comprender cómo es que un niño tan adorable se había convertido en el sex appeal más grande que he conocido, lo prefería con aquellos ojitos inocentes que me miraban con dulzura.
— ¿Has terminado de deleitar tu vista? — él se agachó y me miró con una sonrisa burlona — porque no tengo problemas de mostrarte un poco más que mi pecho y mis brazos, soy todito tuyo.
— ¿Yo para qué quiero esa cochinada? — aparté mis ojos mi