Capítulo 74: La colina de las hadas.
El aire soplaba feroz, haciendo un sonido tal que se asemejaba al gruñido de un lobo hambriento. Las nubes se divisaban rojas, como el preludio de un amanecer trágico. La nieve cubría los campos, y todo en aquel paraje lucia tan solitario y desolado, que no parecía que un alma viva o muerta habitara el sitio. Sin embargo, una vez alcanzada la cima de la colina, todo era tan distinto, que durante un momento Ares y Félix sintieron haber entrado en un mundo distinto, con la sorpresiva expresión ma