Capítulo 50: Entre la luz y las sombras.
El paisaje nevado de aquellas praderas era simplemente sublime. El prístino color de la nieve, evocaba a la pureza y a la perfección. La luz del sol se había asomado por aquellos lares, y Elijah sentía que todo, finalmente, estaba marchando tal cual lo había planeado. El aroma del café recién molido y preparado, era un deleite para los sentidos, y casi como un regalo de Dios para animarlo a seguir con su sagrada tarea.
Ares Fenrir, para esas alturas, debía ya de estar muerto, al igual que ese m