Capítulo XI. La nueva vida de la señora Wilson (parte 1): el Viaje.
Vermont.
- “¡Maldito psicópata!, ¿no puedes ir más despacio?”- la oí gruñir, mientras la alzaba en mis brazos para bajar de la moto, como se haría con una niña pequeña protestona.
Era a la tercera vez que se quejaba en los que llevamos de viaje, y cada vez que lo hacía usaba el leguaje cada vez más florido, sus quejas solían coincidir cuando me detenía para que ella descansara.
Yo no tenía problemas, podía recorrer los setecientos cuarenta y dos kilómetros que había entre Nueva York y Clevel