No puedo negar que me sorprende su repentina acción. Me avergüenza aceptar que estaba pensando en ese pedante guardaespaldas mientras le bailaba al rubio.
Sus dientes muerden dolorosamente mis labios. La ternura con la que me besó hace unos minutos lo abandona, ahora se nota desperado y excitado.
Pongo mis manos sobre su pecho y lo alejo un poco. Jadeo intentando recomponer mi desastrosa respiración. Sus ojos me miran con hambre, y ya no me agrada el rumbo que está tomando esta situación.
— Jas