Catherine miró amargamente la complejidad en los ojos de Lucian. La emoción es demasiado obvia, tan obvia que incluso sin luces se puede ver con claridad.
—Llevame a casa. —Todo lo que podía pensar eran en escapar de su vergüenza.
Los ojos de Lucian se oscurecieron nuevamente, y su mano a su lado se movió, y abrazó su cintura nuevamente — ¿Estás bien?
Su hipocresía la enfermo. Catherine sabía que no debía hacerse ideas equivocadas. Ella no quería volver a caer en su juego. Lo odiaba tanto por