—Sabías que no era nada grave —declara Robín a su amiga después de dos días de hospitalización—. No tienes nada de que preocuparte. Aryehn está fuera de peligro y la fiebre está a raya.
Arya se levanta y lo abraza.
—Lo sé, solo es que me preocupé. Ahora me siento como estúpida por exagerar —dice ella volviendo a su asiento junto a su hijo.
Ayden había vuelto a su oficina, tenía muchos asuntos que resolver, principalmente desde que su padre había fallecido. Ahora él llevaba el control total de