—Me alegra verte despierto —saluda Arya al verlo bajar las escaleras todo adormilado.
—No jodas, Arya —responde cortante—. No estoy de humor para tus reclamos.
La joven que se había mostrado preocupada por él de pronto cambia su buen humor, así que decide ignorarlo mientras termina de desayunar.
—Gerard nos espera a las siete en su casa —informa ella, dejando su plato sucio en la lava trastes—. John pasará por nosotros a las seis treinta.
—¿Cómo es que te avisó a ti y no a mí? —pregunta él