Al llegar la noche, Arya vuelve a la recámara de Ayden.
Se regaña mentalmente por esa situación. No quiere estar ahí, no quiere provocarlo y que todo se derrumbe. Pero a la vez, no quiere alejarse. Lo necesita. Tanto como el calor al fuego.
—¿Crees que Robín esté tan bien como dice? —inquiere Ayden tomando su pijama.
—No lo sé, pero quiero suponer que así es —responde ella. Sentándose en la orilla de la cama—. Este día ha sido todo un ir y venir. Solo quiero ducharme, acostarme y dormirme. Me