Arya yace sentada en su sillón reclinable, con ojos cerrados y AirPods encendidos escuchando “Chasing cars” de Snow Patrol. Concentrada en cada palabra, se imagina un mundo en dónde todo es perfecto, uno dónde el corazón del millonario le corresponde. En dónde le permite acercarse, tocarlo, amarlo. Pero no es así. Su mundo se reduce a una miseria de tiempo compartido, de fingidas sonrisas e interés fundado en un simple negocio.
Canta con el corazón desgarrado en voz baja, pero, aun así, esta se