La encamina hasta el otro extremo del pasillo y llegar a una habitación que no conocía.
—Es la recámara de Bea —aclara él—. ¿Me puedes decir que te pasa?
—Nada, ¿no te ibas ya? —dice ella tomándole de la manga del saco y sin tocarlo ver la hora de su reloj—. Ya es tarde.
—Arya… lo de Cathy no es lo que piensas —repite él—. Ella y yo no tenemos nada, es cierto, me coqueteó y también lo hizo con Daniel.
La joven se recarga en la pared y cruza los brazos sobre su abdomen pronunciado.
—En realidad