Tormenta de emociones.
Laura regresó furiosa al salón de banquetes, donde el eco de la música y las risas apenas lograban calmar su rabia. Buscó a Frederick, quien la miraba con una mezcla de preocupación y curiosidad.
—Vámonos, estoy cansada —dijo ella, con una mirada que intentaba ser firme pero que delataba su vulnerabilidad.
—¿Tan temprano? Apenas empezaba a divertirme —respondió él, ya un poco influenciado por el vino y la música estruendosa.
—Sí, por favor —insistió Laura, esforzándose por mantener la comp