Mundo ficciónIniciar sesiónUmi, y Denahi, comenzaron a acomodar las ramas y las hojas en el fuego de manera que ardieran lenta y suavemente, sin grandes llamas y sin mucho humo.
Sabían que no era conveniente que las llamaradas fueran grandes ya que el calor los iba a abrumar, aunque tampoco podían dejar que el fuego no alumbrara lo suficiente para que les diera el calor necesario.
El humo no ayudaba en nada, por el contrario, podía ahogarlos







