POR GASTÓN
Aproveché esos segundos que teníamos a solas y besé a Delfi, le estaba mordisqueando los labios, es un segundo y todo pasa a ser casi primitivo.
Así estábamos cuando entraron las sobrinas de mi mujer.
De nuevo nos encontraron con mis manos enterradas en el cuerpo de mi mujer.
-¡Tía! ¿Es verdad que vas a ser mamá?
Dejamos de besarnos y me separé un poco, realmente con un solo beso ya deliro por tenerla.
Las niñas se abrazaron a ella, se nota la adoración que le tienen.
Cuando volvim