POR DELFINA
Mario bajó la persiana, iba a salir por la puerta del cortado.
Esa puerta daba a un pasillo, del que se asomaba una escalera y para el otro lado estaba la puerta de la calle.
Salió y yo cerré con llave, tenía tres cerraduras.
Mario se iba más temprano, en general no hacía falta que se quedara hasta tan tarde.
Pero nos entró un pedido bastante grande y él era el maestro pastelero.
Era excelente.
Aprendí más, viéndolo trabajar que con todos los cursos que yo había hecho, es una suerte