Capitulo cuarenta.
—Antes de que emprendan su viaje, ¿por qué no tomamos un poco de té? Les ayudará a relajarse y descansar un poco —dijo Elowen con una sonrisa.
—Está bien —Ylva y Ethan asintieron mientras se sientan.
Mientras Elowen se movía con la gracia de una anfitriona, Maris levantó una mano y con suaves movimientos hizo que las hojas de los árboles cercanos que estaban en el suelo comenzaron a moverse, doblándose y girando como si tuvieran vida propia. En cuestión de segundos, las hojas formaron pequeñas