Capítulo 24. Eligiendo armas. (Amelia)
Amelia.
-” Que alguien silencie esas malditas trompetas de Jericó, de una vez, o mejor, que un ser misericordioso me arranque la cabeza, de una sólo golpe, lo que sea que haga que esta maldita resaca desaparezca de una maldita vez”- fue lo primero que pensé esa mañana.
Sobre todo, cuando intentaba abrir los ojos, mientras una la vibración intensa, e incesante, de mi móvil, mi cabeza, reproducía como si tuviera a quinientos carpinteros, con una taladradora en mano, trabajado afanosamente, para