CHRISTOPHER VARON.
La familia Devereux tenía una costumbre casi sagrada: almorzar todos los domingos juntos.
Una tradición que nadie cuestionaba y de la que nadie se ausentaba… aunque por dentro deseara hacerlo.
Y este domingo no era la excepción.
Jazmín entrelazaba sus dedos con los míos mientras caminábamos hacia la mesa larga instalada en el patio. El sol caía sobre el mármol blanco, haciendo brillar el agua de la piscina como si fuera una joya absurda, demasiado ostentosa incluso para los e