Cuando terminaron de comer, Lula hizo un intento de levantar los platos pero Brad le dijo que solo se relajara allí, así que se levantó y fue hasta la baranda de la terraza, donde se apoyó, y miró hacia el más allá, de donde provenía el sonido del mar y el viento susurraba secretos en su oído. Ella amaba el mar y aunque no vivía tan lejos, el tiempo previo a su viaje a Estados Unidos había vivido alejada de este. Brad se levantó, dejando su servilleta a un lado y se acercó sigilosamente por su