Encuentro inesperado.
Una semana había pasado ya, Atanasia se encontraba sentada sobre un banco recién pintado. Ella estaba ahí, sola y pensativa, tan pensativa que no se había dado cuenta de que sus jeans se habían manchado del color azul de la pintura fresca.
Pensaba en la propuesta tan repentina de aquel hombre. Su vida dependía de esa gran decisión.
El sonido de su teléfono era tan insistente que la sacó de sus pensamientos.
“Mamá”
Al ver aquel nombre de la persona que la llamaba, pintó una sonrisa débil.
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