Había pasado los últimos días molesta con todos, hasta mis hijos se preguntaban ¿qué me estaba pasando?
Me sentí furiosa con Jacob, lo cual era ridículo porque apenas si habíamos hablado un par de veces y no lo volvería a ver, terminaba enojada conmigo misma por ser tan tonta.
Por la noche llegué al club, el señor Montaner me llevó un bello collar de oro.
–¿Te gusta?
–Me encanta, muchas gracias mi amor –lo besé.
–Sabes que me encantas y me puedes pedir todo lo que tu quieras.
–Gracias, er