Una semana después.
Ya estaba completamente bien, me había despedido de la enfermera, comenzaba poco a poco con mis actividades, me sentía muy extraña, pues el dueño de la casa me había hecho una propuesta un poco rara, al final de cuentas yo no era más que una empleada doméstica más, sin embargo, mi corazón estaba atribulado por él.
Ya había tomado una decisión.
—Hermana, ¿por qué tengo que cambiarme de cuarto? —preguntó Lucy molesta.
Acaricié sus cabellos.
—Porque Ximena es la hija del dueño