Alexei miró a Kathy con dulzura, esta mujer día a día se encargaba de enamorarlo cada vez más y ahora que la tenía entre sus brazos no quería soltarla nunca más, ella era su más dulce droga y con esos preciosos ojos lo había apresado en la cárcel más divina en donde era el recluso que nunca deseaba salir en libertad.
_ ¿Qué importa si llegamos tarde unos minutos? Soy el presidente de la compañía después de todo.
Alexei alzó a Kathy por sus nalgas y la levantó sin ninguna dificultad, mientras e