Sergio
El debate termina unos quince minutos más tarde. Me quito el equipo de audio de inmediato y bajo del estrado. Westborn viene detrás de mí y me recuerda que nunca se lo pone fácil a ningún contrincante.
—Es una violación a la privacidad—respondo y sigo caminando, Amarilis me mira y yo a ella.
—Sergio, me llamó unos minutos después de que subiste.
—Tú no trabajas para Isabela. Trabajas para mí. Pides un jueputa anuncio, enciendes la alarma de incendios y pago la multa, no se te ocurra