Isabela
A la mañana siguiente no sé si se robaron una floristería o qué, pero la habitación está llena de flores, tarjetas y canastas. Veo a Sergio, está a mi lado, sosteniéndome la mano y mi papá está sentado leyendo el periódico. Le saludo a lo lejos y él sonríe antes de acercarse y darme un beso en la frente.
—¿Por qué eres tan testaruda?
—No sé... así me hiciste —Bromeo y él me pregunta si tengo hambre o dolor.
—No tengo nada papá, lo que sea que dan está buenísimo.
—Son drogas de buen