LUCÍAN
Zafiro jadeaba fuertemente al estar sentada sobre la cadera de Ethan el cual le apretaba la cintura mientras gruñía pues ella movía su pelvis de manera suave contra su erección y sonreí lascivo ante esa escena. No había penetración, aún, pero si un roce constante que humedecía la erección del alpha, mismo que luchaba por no ceder ante su instinto para darla vuelta y penetrarla.
Ella no se había negado a mi pedido, al contrario, le encantó y por ello ahora estábamos sobre la cama con ell