Capítulo veintiocho.
Cuando Agustín llego, Anna estaba en casa de su padre siendo reprendida por él, José estaba tan molesto que los gritos se escuchaban hasta la puerta de entrada.
— Anna, en que diablos estas pensando, como fue posible que te fuiste sin siquiera avisarle a tu marido a donde ibas, yo creí que habias uido de nuevo. — cuando José, estaba molesto, su voz era más demandante de lo normal, a esto era a lo que Anna le temía.
— Perdón por eso, pero ¿Cómo le avisaba a Agustín? Si ni siquiera sabia dónde