Capítulo ochenta y cinco.
Llego a la agencia y pongo mi mejor cara, los empleados no tienen la culpa de mi enojo, todos me saludan y como traigo un nudo en la garganta solo asiento con la cabeza hasta llegar a mi oficina, lanzó mi bolso al escritorio tomo mis cosas y bajo a mi estudio, no sin antes pasar por un café bien cargado y sin azúcar, me encierro ahí a desquitar mi frustración, la única que sabe que estoy aquí es mi asistente, suspiro, suspiro y suspiro, no puedo creer aún lo que paso en casa de Maximiliano, y n