Brax
Orión levanta la pequeña puerta de madera por encima de mi cabeza. La luz del día casi me ciega después de haber estado sentado en la oscuridad durante varias horas, escuchando los sonidos del río que se estrella resonando en el túnel. Él me tiende una mano y me saca con facilidad. Echo un vistazo a la habitación y veo que estamos en la sala de alguien.
En lo que la puerta de madera se cierra, Indy coloca rápidamente una alfombra desgastada sobre ella. “Lo siento”, murmura ella. “No pensé