Al mirarnos a los ojos ambos supimos que las palabras ya no iban a alcanzar para mostrar el amor que nos teníamos el uno por el otro así simplemente dejamos que nuestros cuerpos hablaban por nosotros.
La necesidad de sentir su piel contra la mía sin que nada se interpusiera era realmente demasiada así que sin ninguna prisa cada prenda sobre nuestros cuerpos fue desapareciendo con suma lentitud sin importarnos nada, ahora mismo no existía nada más que nosotros y el deseo que nos quemaba a ambos.