Su miraba me recordó a cuando lo hicimos en mi oficina, esos ojos llenos de deseo y necesidad, era exactamente esa mirada. Una a la cual jamás podría negarme así que hice lo que me pidió. Al hacerlo me abrazo contra su pecho haciendo que mis piernas se abrieran un poco más y así poder frotar su erección contra mi.
-Papi...- gemí al sentir lo increíblemente duro que estaba-
-Mi Nena...no puedo esperar para hacerte el amor en esa playa-
Restregó su glande por toda mi vulva hasta que no lo resistí