Mundo ficciónIniciar sesiónAkari apenas pudo resistir estar despierto hasta llegar a su estación, Ebisu; Minato, como siempre, continuó por una estación más, hasta Meguro.
Eran poco más de las ocho de la noche cuando el rubio llegó a casa, sin sorpresas por encontrar las luces encendidas, y un par de zapatos en el recibidor. Su tío le había enviado un mensaje a la mitad del trayecto en el tren.
—¡Estoy de vuelta! —Mina







