Nerea no tenía idea de la hora que era. Había dormitado durante algunos minutos o quizás horas —era difícil saberlo sin un reloj o al menos la luz del día para orientarse—, pero había sido suficiente para recobrar energías. Ahora tenía que pensar en una manera de salir de allí.
Con mucho dolor volvió a pasar sus brazos por debajo de su cuerpo hasta sus pies luego hacia adelante. Dormir en esa incómoda posición le había dejado los músculos adoloridos, pero había tenido que regresar a la posición