Punto de vista de Aiden
Me quedé sentado en el auto durante un largo rato después de que se marcharan.
Había estacionado en la calle, a unos cincuenta metros de la entrada del parque. Desde mi asiento, podía ver la verja. Cruzaron y giraron a la izquierda por la acera sin mirar atrás.
Lucy avanzaba a saltitos. No eran los torpes brincos a dos pies de una niña pequeña, sino la zancada elástica y alternada de una criatura que acababa de descubrir una forma más eficiente de bailar. Los rizos casta